En las arenas del rio Burate
Al finalizar cada año, muchos wayuu peregrinan a los Andes, concretamente al estado Trujillo. La ruta es accidentada y es un peregrinaje largo y fatigoso, pero al final, todos los esfuerzos se ven recompensados al llegar al mágico río Burate.
Allí, en las húmedas arenas del río, como en un espejo, se refleja cada 31 de diciembre una visión de Jepirra, el cielo wayuu.
Algunos logran hablar con sus familiares y amigos fallecidos, que se asoman por esa ventana o portal, para saludar a los vivos.
En ocasiones, los habitantes de Jepirra dan valiosas informaciones y profecías sobre el año entrante, y los wayuu toman las previsiones del caso, si se habla de un verano muy fuerte, de una sequía, o se les advierte de algún problema mayor.
Es un viaje místico, que renueva los vínculos del wayuu con la tierra y con el mundo espiritual.
Mercedes Franco

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