EL FANTASMA ERRANTE DEL MARISCAL
Vistiendo un largo capote negro, al aire sus brillantes rizos, el Gran Mariscal de Ayacucho recorre las noches de luna. Lo han visto en los caminos de Colombia y Ecuador, pero también en Cumaná, su amada ciudad natal.
Dicen que desde los primeros días de junio el Mariscal se pasea insomne por las plazas de Cumaná, y se acerca a la playa.
Cruzados sus brazos sobre el pecho, como acostumbraba, avanza melancólico, perdidos sus ojos verdes en el mar.
Muchos creen que ese fantasma errante anuncia terribles sucesos. De hecho, hay quien afirma haberlo visto antes de algún gran sismo o algún conflicto político.
Otros piensan más bien que el espectro doliente vaga por toda la eternidad, por la trágica muerte que tuvo a traición, en la montaña de Berruecos.
Sucre se dirigía a Quito, para celebrar el día de su santo, el 13 de junio, en unión de su esposa Mariana.
Junto con sus edecanes, el vencedor de Pichincha y Ayacucho viajaba desde Colombia hacía Ecuador y fue asesinado en la frontera, el 4 de junio de 1830. Pero ¿Quién pudo ser capaz de arrebatar la vida del héroe?
Apolinar Morillo, quien fue ejecutado por el crimen, dijo haber recibido la orden de José María Obando, líder realista de Pasto, que aún no perdonaba la terrible derrota. Pero Páez y Mariño en Venezuela, también barajaban un plan para deshacerse del sucesor de Bolívar, que pensaban podía disputarles el poder.
Igual se comentaba de Juan José Flores, presidente de Ecuador, quien por su parte temía la ascendencia de Sucre sobre el pueblo y deseaba eliminarlo.
Algunos en cambio opinaban que fue Santander quien ordenó su muerte. Lo cierto es que la conjura para el asesinato se llevó a cabo en Bogotá, y en un receso de la infausta reunión, varios de los asistentes aseguraron haber visto a Sucre paseándose en la plaza, y se creyeron descubiertos.
En realidad ya el Mariscal estaba a tres días a caballo, así que era imposible que lo hubieran visto en la capital.
¿Desandaba el guerrero sus pasos antes de morir?
El enigma aterró y atormentó a los conjurados, mucho después del crimen.
Lo cierto es que ya ha pasado más de un siglo, pero aún el fantasma insomne del Mariscal sigue recorriendo los caminos, en las noches de luna.
Mercedes Franco

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