23 jun 2023

EL SIN SOMBRA EN MAYO

EL SIN SOMBRA EN MAYO
 

 


 

 La luna de mayo flota como un globo espectral, sobre los campos y llanuras de Venezuela.

"Las lunas llaneras perturban el juicio", diría Rómulo Gallegos en su novela Doña Bárbara. Perturban a los hombres y mujeres del llano, que se acuestan en sus chinchorros a dormir, después de la dura faena.

Y perturban también a los fantasmas.

A ellos parece que les cuesta conciliar el sueño, y vagan alborotados, bajo esa luz  de nácar que baña la noche perfumada.

Con la luna de mayo, a esos  seres elusivos del más allá les gusta salir a pasear sus penas por la sábana abierta.

Uno de los menos conocidos es el Sin Sombra, que parece un peón común, pero en realidad es un espectro maligno, que puede a voluntad agrandar su boca monstruosamente y devorar a las personas que encuentra a su paso por esas soledades. Se le puede reconocer por su impecable liquiliqui* blanco y sus lustrosas botas.

El Sin Sombra ama recorrer de noche los cultivos de maíz y de caña. El deambula por las siembras y conucos*, y a veces se come las frutas, pero también se acerca a las orillas de los caminos, dónde se detiene a esperar a los incautos que transitan en la alta noche por esos rumbos. Allí les hace algunas preguntas que deben responder. Por cada respuesta errónea, les arranca de un mordisco una mano, después la otra y deja la cabeza para el gran final. 

Cuentan que a fines del siglo diecinueve, Don Carlos Ibáñez iba desde Maturín hacia el pueblo de La Pica, aprovechando las horas de frescor para viajar en su caballo Canelo. Cerca de unas matas de guayabita sabanera* vio al Sin Sombra, que comía guayaba tranquilamente.

 -Buenas noches, paisano.-dijo el fantasma quitándose respetuosamente el sombrero pelo e guama*.

  Canelo dio un relincho y un resoplido.

  Un escalofrío de terror recorrió la espalda de don Carlos, pero reunió valor y respondió: 

  -Buenas y santas nos las dé Dios, amigo.

   -Mmm..será la Tierra, que da las noches, cuando da la vuelta y nos tapa el sol.  Entonces nos cae la noche. ¿Verdad?

   -Pues tiene razón, lo de Dios en un decir. ¿No? Dispense, que no me pueda detener a conversar, amigo mío, voy a hacer una diligencia y tengo que llegar temprano.

   -No se preocupe, siga andando en ese caballo tan bonito, que yo voy a acompañarlo a pie y así hablamos.

    Don Carlos no tuvo más remedio que refrenar al caballo, que nervioso, quería partir al galope. Avanzaba bajo la luna inmensa de mayo, a lomos de Canelo, mientras el Sin Sombra daba grandes zancadas y caminaba al mismo paso del potro.

  -Dígame una cosa, don Carlitos, usted cómo buen coleador* debe saber de eso. Cuando uno está coleando, ¿Cuál es el animal que no se puede agarrar por la cola?

  -La vaca. No se puede agarrar por la cola porque no están allí. No se colea vacas sino toros.

  La risa del Sin Sombra resonó como puñales que chocan, en la espesa penumbra..

   -Ahora si me supo embromar, paisano. Usted si es resabiado.  Me lleva ventaja.

   Don Carlos decidió tomarle la palabra. Tal vez podría tenderle una trampa.

  -Ya que le llevo ventaja déjeme aprovecharla. No le haré una pregunta sino una adivinanza. Se la haré en un gesto, y usted tiene que decirme la respuesta con otro gesto.

   -Vamos a ver, dijo un ciego, y no vio nada. -respondió sonriente el maléfico ser.

  Don Carlos levantó un dedo al cielo, señalando hacia arriba. Se refería a que existe un solo Dios, creador del Universo.

   -Esa es fácil de adivinar, pero no voy a decir esa palabra, que usted quiere que yo diga. - sonrió con malicia.- Vamos a hacer una cosa don Carlos: yo también le voy a responder con un gesto y si usted adivina, lo dejo que siga su camino.

   Dicho esto, el Sin Sombra levantó dos dedos, el índice y el medio frente a Don Carlos. Indicaba con eso que eran dos los dueños de la Creación: Dios y su eterno enemigo.

     Don Carlos Ibáñez se vio en un dilema. Si no le daba el gusto de responder, el Sin Sombra lo devoraría. Recordó que pronto llegarían a un cruce de caminos, que ningún fantasma soporta. Eso lo sabía por su abuelo el Guaco Ibáñez, que era el mejor contador de cuentos de aparecidos, y para todos ellos tenía la "contra"..

 

   . La Cruz de Paola bendita... La luz del día .. Detenerse en el cruce de caminos... el escapulario de la Virgen...Nombrar el Espíritu Santo...a ver... el hombre forzaba la memoria... el Sin Sombra sonreía.

  -Como que no sabe la respuesta, don Carlitos... ¡Jajajaja!!!Esta noche voy a cenar carne fina.

   -Si la sé, pero le quiero responder con estos tres dedos: ¡Padre, Hijo y Espíritu Santo! ¡Santísima Trinidad, líbrame del espanto!

     Con un rugido el Sin Sombra desapareció corriendo veloz hacia una mata de sabana.

     Canelo pasó galopando el cruce de caminos y al trote entró en el pueblo de La Pica, cuando la luz dorada del día disipaba todas las sombras.

 

Glosario:

Conuco: Siembra pequeña.

Guayabita sabanera: Variedad pequeña de guayaba.

Liquiliqui: Vestimenta de gala del llanero venezolano. Consiste en un pantalón y un saco de mangas largas, abotonado al frente.

Pelo e guama: Sombrero de lujo.

Colear: Deporte venezolano que consiste en perseguir toros a caballo y tumbarlos, tomándolos de la cola.

Mercedes Franco

EL HACHADOR

 EL HACHADOR.


    Chas, chas.. resuena el golpe del hacha en la espesura .. chas, chas ..fuerte y claro... no tienes nada que temer, el "Hachador" está lejos, puedes aprovechar para escapar, debes salir de la montaña lo más rápido que puedas...

 

    Pero si oyes el chasquido del hacha a lo lejos, débilmente...estás en peligro. Se acerca el espectro más terrorífico de los que pueblan las montañas de Falcón.

 

    Nadie podría imaginar que este espectro infernal no es más que el alma en pena de Andresito Castillo, un pobre leñador de la zona.

 

    A finales del siglo diecinueve, Andresito tenía una pequeña finca, por los lados de Caburé. Le decían Andresito por cariño, dada su pequeña estatura. Muy alegre y buena copa, tenía muchos amigos por los alrededores.

 

    Andresito era joven y a pesar de su poca estatura, se había hecho fuerte, curtido por el duro oficio de labrar la tierra.

 

    No solo vivía de las legumbres y hortalizas que cosechaba en su finquita, también vendía la madera de los árboles que cortaba con su hacha, en lo alto de la Sierra de Curimagua.

 

  Una vez a la semana subía con su caballo y sus cuerdas. Con su hacha poderosa cortaba uno, dos, tres, hasta seis árboles en un día. Al atardecer los amarraba y se los traía a remolque, confiado en la fuerza de su caballo Canelo.

 

  Su mujer, Gabriela, celebraba con grandes saltos de alegría su llegada. Aquellos troncos pronto se convertirían en útiles trozos de madera, que significaban un buen dinero para la familia.

 

     Sin embargo, la pareja despertaba algunas críticas en las beatas del pueblo. Vivían juntos sin la bendición del cura, lo cual les importaba bien poco, porque a decir verdad no creían en Dios ni en el diablo. Tampoco asistían a misa, y todo eso era muy mal visto en un pueblo de fines de siglo.

 

    Por eso cuando se encontraban con el cura en la plaza o en el mercado, recibían la consabida reprimenda.

 

    -Es que siempre estoy trabajando, Padre. - se disculpaba el muchacho.

 

    Se acercaba la Semana Santa y el Padre Hugo les pidió a Andresito y a Gabriela que asistieran a la iglesia a orar, aunque fuera el Domingo de Ramos.

 

     Así lo hicieron, y Gabriela se trajo su palma bendita, con la que elaboró varias cruces, para poner detrás de la puerta de entrada y en la habitación.

 

    -Quita eso, es cosa de viejas! No, chica, te pareces a mi abuela!

 

    -Pero Andresito, es por protección.

 

    -Y es que no te sientes protegida por mí? Yo seré chiquito, pero soy guapo y apoyado.

 

    -Ya sé....pero una protección extra no viene mal.

 

     Llegó el viernes santo. Día de la muerte de Cristo.

 

El pueblo estaba callado y solo  suaves oraciones llenaban el aire, mientras la imagen del Nazareno recorría las calles en procesión.

 

     En la finquita, Andrés con su amigo Atilio, entre tragos de cocuy*, disfrutaban de un cuajado de morrocoy*, hecho por la sin par Gabriela.

 

     -Este bicho no tenía casi carne, mujer. -se quejaba Andresito.

 

     -Verdad compadre, hubiera sido mejor hacerlo de cochino.

 

     -Que brutos son ustedes! En viernes Santo no se come carne! Mucho menos de cochino!

 

     -No sé, pero de cochino de monte*, tal vez sí. Compadre, allá arriba hay báquiros. Mañana sábado, vamos a ir a ver si traemos uno.

 

      -Mañana no, ahorita mismo.

 

      -Pero que dices? En Semana Santa no se caza, marido mío!

 

      Andrés tomó su escopeta y su sombrero y montó en su caballo.

 

     -Compadre! Que hace? Espere a mañana, mire que lo va a agarrar la noche por ahí!

 

    -Andresito, por favor!

 

      Gabriela corrió tras el, pero ya el caballo tomaba el camino de la sierra, espoleado por su jinete.

 

      Atilio se quedó durmiendo la borrachera en el sofá, mientras Gabriela pasaba las cuentas de su rosario.

 

     En lo intrincado de la serranía, Andresito vio pasar un enorme báquiro negro. Le disparó y el animal siguió corriendo, como si nada. El joven volvió a disparar, una y otra vez mientras perseguía al veloz báquiro. Y siguió persiguiéndolo.

 

     Abajo, en el pueblo, llegó la tarde y la noche y después la mañana.

 

      Y Andresito no volvió.

 

       Una partida de hombres buscó por toda la montaña.

 

       -Debe haberlo picado una culebra.

 

       -Quien sabe! Pero si mi compadre cayó en un aitón*, va a ser difícil encontrarlo.-dijo Atilio.

 

      A los tres días en la madrugada Gabriela sintió los golpes del hacha.

 

      -Es Andresito! -grito alegre

 

      Una lechuza blanca pasó en un vuelo flotante, frente a sus ojos.

 

      Con los pelos de punta, Gabriela rezó el Credo y se aferró a su cruz de palma bendita.

 

       Al otro día llamó a Atilio.

 

     -Compadre! Yo me voy a Cumarebo con mi mamá. Le pido que cuide la finca, hasta que Andresito vuelva.

 

      Andresito nunca volvió. Y a los pocos meses comenzó la gente a hablar del Hachador, el fantasma furioso de un leñador, que no puede escapar del monte.

 

 

 

    

 

      GLOSARIO

 

Cocuy: Licor que se obtiene de la hoja del agave.

 

Cuajado de morrocoy: Pastel preparado con carne de tortuga de tierra.

 

Aitón: Agujeros naturales de la Sierra de Falcón

 

Mercedes Franco

LA AUTORA Y SUS OBRAS

 LA AUTORA Y SUS OBRAS



Mercedes Franco es narradora, guionista radial, novelista y autora de literatura infantil y juvenil. Su novela La Capa Roja obtuvo en 1998 la mención de honor del Premio Municipal.

Nativa de Maturín, estado Monagas.

Es Licenciada en Letras. Tiene distintas publicaciones y obras premiadas tanto en Venezuela como en el exterior.

En Caracas ejerció la docencia en distintas universidades, y fue nominada en 2008 al premio internacional Astrid Lindgren. Escribió durante 30 años el programa radial Cosas de Venezuela.

Entre sus obras: Crónica Caribana

Vuelven los fantasmas

Monstruos que nadan

Criaturas fantásticas

 

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EL FANTASMA ERRANTE DEL MARISCAL

 EL FANTASMA ERRANTE DEL MARISCAL



Vistiendo un largo capote negro, al aire sus brillantes rizos, el Gran Mariscal de Ayacucho recorre las noches de luna. Lo han visto en los caminos de Colombia y Ecuador, pero también en Cumaná, su amada ciudad natal.

Dicen que desde los primeros días de junio el Mariscal se pasea insomne por las plazas de Cumaná, y se acerca a la playa.

Cruzados sus brazos sobre el pecho, como acostumbraba,  avanza melancólico, perdidos sus ojos verdes en el mar.

Muchos  creen que ese fantasma errante anuncia terribles sucesos. De hecho, hay quien afirma haberlo visto antes de algún gran sismo o algún conflicto político.

Otros piensan más bien que el espectro doliente vaga por toda la eternidad, por la trágica muerte que tuvo a traición, en la montaña de Berruecos.

Sucre se dirigía a Quito, para celebrar el día de su santo, el 13 de junio, en unión de su esposa Mariana.

Junto con sus edecanes, el vencedor de Pichincha y Ayacucho viajaba desde Colombia hacía Ecuador y fue asesinado en la frontera, el 4 de junio de 1830. Pero ¿Quién pudo ser capaz de arrebatar la vida del héroe?

Apolinar Morillo, quien fue ejecutado por el crimen, dijo haber recibido la orden de José María Obando, líder realista de Pasto, que aún no perdonaba la terrible derrota. Pero Páez y Mariño en Venezuela, también barajaban un plan para deshacerse del sucesor de Bolívar, que pensaban podía disputarles el poder.

 Igual se comentaba de Juan José Flores,   presidente de Ecuador, quien por su parte temía la ascendencia de Sucre sobre el pueblo y deseaba eliminarlo.

Algunos en cambio opinaban que fue Santander quien ordenó su muerte. Lo cierto es que la conjura para el asesinato se llevó a cabo en Bogotá, y en un receso de la infausta reunión, varios de los asistentes aseguraron haber visto a Sucre paseándose en la plaza, y se creyeron descubiertos.

En realidad ya el Mariscal estaba a tres días a caballo, así que era imposible que lo hubieran visto en la capital.

¿Desandaba el guerrero sus pasos antes de morir?

El enigma aterró y atormentó a los conjurados, mucho después del crimen.

Lo cierto es que  ya ha pasado más de un siglo, pero aún el fantasma insomne del Mariscal sigue recorriendo los caminos, en las noches de luna.

Mercedes Franco

TINIEBLAS. LA CUMACANGA

  LA CUMACANGA


La Cumacanga, o " cabeza voladora" es una leyenda popular brasilera. Se estima que, como muchos de estos extraños seres de la noche, el mito surgió durante los siglos XVI y XVII. Esta leyenda es muy conocida en la región brasilera de Pará. Mercedes Franco es una narradora venezolana especializada en la literatura fantástica. En esta ocasión nos presenta una leyenda brasilera. Entre los libros de Mercedes Franco encontramos Vuelven los Fantasmas, La Sayona y Criaturas Fantásticas.




LA CUMACANGA .- Narrado por la escritora Mercedes Franco

EL MIQUILO

 EL MIQUILO


 Un silbido fuerte y agudo cruza la floresta, y retumba en las orillas del caudaloso Paraná.

En los bosques paraguayos, en la frontera con Brasil, el MIQUILO lanza cada verano su silbo de oro.

-No parece pájaro. -dice un pescador, detenido en la faena por aquel sonido prolongado.

  -Porque no lo es. -sentencia grave su compañero.

  Se santiguan y siguen pescando, seguros de que el duende de los bosques y los ríos no se acercará a ellos.

  El Miquilo siente especial predilección por las damas, y cuando están solas lavando en el río, o buscando palmito en el monte, se les acerca y les ofrece tentadoras frutas, especialmente escogidas para ellas, brillantes y olorosas.

  Su apariencia inocente y juvenil hará que confíen en él. No verán nada malo en comer aquella deliciosa ciruela roja.

Un regalo inesperado!

En el mismo momento en que prueben la fruta, su voluntad será anulada. Olvidarán su pueblo y su familia, y de la mano del Miquilo, desaparecerán para siempre en lo profundo del bosque.

Mercedes Franco

EL HALLOWEEN EN VENEZUELA (Mercedes Franco, Escritora Venezolana

 EL HALLOWEEN EN VENEZUELA (Mercedes Franco, Escritora Venezolana)




En este programa se habla de los fantasmas y misterios en Venezuela, y se analiza la historia de lo sobrenatural en Latinoamérica.
Entrevista realiza r el equipo de La Arepita, a la escritora y narradora Mercedes Franco, en ocasión de celebrarse la fiesta de Halloween.
 
 

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NICO Y LAS COSAS DEL MUNDO (SPANISH EDITION) KINDLE EDITION



En pocas lecciones, un perro puede aprender lo esencial de la vida. La dueña de Nico, un cachorro de pastor alemán, pretende guiar a su perro en el difícil arte de vivir, y enseñarle lo hermoso que es el mundo. Divertido y sentimental, ideal para los niños, este libro combina la poesía con los valores y principios que tanta falta nos hacen en el mundo actual.

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LA SOYONA

 LA SOYONA




En la Caracas del siglo XVIII, la Sayona se paseaba en la alta madrugada, asustando a los borrachitos trasnochados y a los serenateros, que recorrían las calles desiertas.

La veían envuelta en negro manto, arrastrando su larga saya o falda por los caminos cercanos a los cementerios. Sonreía seductora, mostrando sus largos colmillos. Tal sonrisa tenía la virtud de alejar de un solo golpe los vapores y el atontamiento del alcohol. Más de uno echaba a correr despavorido, sintiendo que se le pasaba la borrachera del susto.

Algunos aseguraban que este personaje era un ser diabólico, un espanto venido del más allá.

Otros en cambio, más agudos, opinaban que este era el disfraz que las damas de alcurnia utilizaban para poder salir de noche, a encontrarse con sus enamorados.

Y que mejor lugar para pasar desapercibidos que una cita en el solitario cementerio?

Mercedes Franco


LA LLORONA

 LA LLORONA


Desde México a la Patagonia, en todos nuestros pueblos latinoamericanos, se oye hablar de La Llorona. En México muchos investigadores han vinculado esta leyenda con la diosa Chihuacoatl, que envuelta en blancos ropajes vaga aún por los pueblitos, llorando por sus hijos, los guerreros aztecas muertos.

En otros países es simplemente un grito que recorre la oscuridad de las callejas, a altas horas de la noche.

Dicen que es una mujer que mató a sus hijos y ahora llora por ellos, enloquecida, sin que su alma encuentre la paz, a través de los siglos.

En Venezuela, la leyenda adquiere visos de certidumbre.

En nuestros pueblos orientales, la Llorona era una bella joven que vivía en una gran hacienda.

La muchacha desapareció un día sin dejar rastros.

Su padre y sus hermanos la buscaron durante años, sin hallarla.

Al fin un día, recibieron noticias de una mujer blanca que vivía en un poblado indio.

Hacía allá se dirigieron, con un piquete de soldados.

Encontraron a la joven muy feliz junto a su esposo, el cacique, y sus tres niños.

El padre y los hermanos ordenaron asesinar a todo el pueblo, incluidos los tres niños mestizos.

-Mis hijos!

-Son una abominación, son mitad animal, deben morir.

Aquella mujer fue arrancada del lugar mientras gritaba y lloraba por sus hijos.

Así siguió, llorando y preguntando por ellos, recluida en la hacienda paterna.

Paseaba por los jardines llorando tristemente, y un día la encontraron muerta, muerta de tristeza, de dolor.

Pero aún después de muerta no dejó de llorar y aún clama y grita en las oscuras callejas, a altas horas de la noche.

Mercedes Franco

EL HOMBRE LOBO

EL HOMBRE LOBO


Lobisome en Brasil, Loup-garou en Haití, Were wolf en Jamaica.

Deambula por los rincones de la noche, y ataca en las noches de plenilunio. La persona que reciba un mordisco o un arañazo suyo, quedará inexorablemente convertido. Será igual que su atacante: Un hombre lobo!

Este ser de la noche pertenece al folclor europeo, pero la creencia en él está profundamente arraigada en América.

Se supone que debe ser el séptimo hijo de un séptimo hijo, y el mal puede ser hereditario. Se cree que el brillo de la plata tiene poder sobre ellos.

 La licantropía, según algunos expertos, es muy antigua. Algunos piensan que es solo una enfermedad mental.

El hombre lobo es amigo de la oscuridad y parece un ser humano común y corriente, pero.... En presencia de la luna llena cambia su forma humana por la de un lobo.

Un feroz carnicero, una fiera salvaje que vaga buscando víctimas.

Tan solo una bala de plata podría detenerlo.

Mercedes Franco

 

EL VENADO DE PIEDRA

 EL VENADO DE PIEDRA


En las montañas de Lara y Yaracuy, muchos cazadores temen encontrarse con el Venado de Piedra. Según la leyenda, este fantástico animal merodea por los bosques, para sorprender a aquellos que cazan a las pobres venadas, que podrían estar en gestación, o  a los cervatillos, que apenas comienzan su vida.

  Cuentan  que este gran venado de enorme cornamenta paraliza al cazador que lo enfrenta y lo aterroriza, causándole a veces hasta la locura.

   Carlos Luis y César habían oído muchas veces tales relatos, pero también sabían del delicioso sabor de la carne de venado.

Eran las vacaciones, y las flamantes escopetas, regalo del abuelo, presagiaban buena caza.

   Salieron a media tarde, esperando que la noche los sorprendiera monte adentro. Los venados salen al anochecer.

Llevaban linternas y algunos sándwiches, por si acaso no encontraban nada más suculento en aquella intrincada espesura. Iban caminando montaña arriba y se detenían de cuando en cuando para escuchar cualquier ruido que anunciara el paso cauteloso de algún ciervo. Pero nada!

     El ocaso los sorprendió en un claro del bosque, junto a un íntimo manantial,  en el cual se refrescaron y mitigaron la sed.

    La noche fue envolviendo poco a poco todas las cosas.

   -No se te ocurra prender  fuego, espantarás a los animales!-susurró Cesar.

   Entonces Carlos Luis encendió una débil lamparita china de baterías.

    Después de consumir las provisiones que les quedaban, decidieron turnarse para montar guardia. César dormiría hasta el inicio de la madrugada, después Carlos Luis.

    El silencio era inmenso y perfecto. El joven podía escuchar el paso sigiloso de las horas. Y la respiración tranquila de su compañero de caza.

     Se acercaba la madrugada. Logró distinguir entre la brisa el canto tímido de la lechuza montañera. Y más allá, entre la espesa fronda,  vio dos luces verdes que lo observaban.

    -Deben ser los ojos de la lechuza. -murmuró.

    Pero el ave revoloteó mucho más lejos, blanca como un fantasma en la oscuridad. Entonces aquellas luces verdes no eran sus ojos?

    Poco a poco las luces se acercaban.

     -Un venado!

     Lo oyó resoplar y atisbó entre la floresta su cuerpo dorado.

     - Levántate, es un venado!

       Corrieron los dos tras él. Era grande, la blanca arboladura de sus cuernos iluminaba la noche. Disparó Cesar, después Carlos Luis. Pero el animal los eludía, corriendo entre los árboles.

    Así estuvieron corriendo y trepando cerro arriba, durante un tiempo que les pareció eterno. Se detuvieron al fin en un claro de monte para recobrar el aliento.

     Entonces lo vieron.  Surgió de pronto de lo profundo del bosque y se aproximó, olfateando el aire. La montaña entera enmudeció

      Carlos Luis lo miraba inmóvil, como en trance. Y el venado clavaba en el sus ojos profundos. Estaba como a veinte metros.

      Era majestuoso. Los fuertes músculos de su cuello y tórax resaltaban. Su cornamenta, de la cual pendían algunas ramas, indicaba una avanzada edad.

        César apuntó y ya lo tenía en la mira.

        Se oyó la detonación, la bala caliente perforó el aire... y se estrelló en una piedra alta, como de dos metros.

         Pero ni rastros del venado.

         -Caramba, pero como pudo escapar? Lo tenía a tiro!

         César se acercó y examinó la piedra, que mostraba apenas la señal del impacto.

         - Ven acá. Mira bien desde aquí.-le pidió Carlos Luis, que no se había movido.

          Vista desde allí, a cierta distancia, la piedra semejaba un gran venado, con todo y cuernos.

           - Quieres decir que le disparé a esta piedra confundiéndola con un venado? No, no, imposible. Era un venado. Tú también lo viste!

   -Era un venado. Un venado que se transformó en piedra!

         Se miraron los dos fijamente, con un solo pensamiento. Pero ninguno de los dos dijo  nada.

       Mientras bajaban, comenzaron a cantar los pájaros.

Mercedes Franco





22 jun 2023

El NOVENDÉ

  El Novendé


El duende que les presentamos hoy es el NOVENDÉ, que habita las montañas del altiplano andino, en Bolivia.

Este raro y pequeño hombrecito viste una ruana muy colorida, y usa un vistoso sombrero de paja, adornado con plumas de bellos matices, rojo, rosa, verde.

Así engalanado, se acerca en las noches a las pequeñas fincas de los campesinos, a pedir comida. Y a veces solo agua.

Si las personas lo reciben, la leche de vacas y ovejas se cortará, es decir se pondrá agria, y el maíz se pasma, dejará de crecer.

Conociendo estas características del Novendé, los campesinos tratan de ahuyentarlo.

La única forma de alejarlo es poner algo podrido cerca de la casa, ya que el Novendé detesta la suciedad y más aún lo podrido.

Mercedes Franco

 




Homenaje de los docentes tovareños a escritores venezolanos. Mercedes Franco

  FILVEN Mérida. Homenaje de los docentes tovareños a escritores  venezolanos. Mercedes Franco