EL HOMBRE LOBO
Lobisome
en Brasil, Loup-garou en Haití, Were wolf en Jamaica.
Deambula
por los rincones de la noche, y ataca en las noches de plenilunio. La persona
que reciba un mordisco o un arañazo suyo, quedará inexorablemente convertido.
Será igual que su atacante: Un hombre lobo!
Este
ser de la noche pertenece al folclor europeo, pero la creencia en él está
profundamente arraigada en América.
Se
supone que debe ser el séptimo hijo de un séptimo hijo, y el mal puede ser
hereditario. Se cree que el brillo de la plata tiene poder sobre ellos.
La licantropía, según algunos expertos, es muy
antigua. Algunos piensan que es solo una enfermedad mental.
El
hombre lobo es amigo de la oscuridad y parece un ser humano común y corriente,
pero.... En presencia de la luna llena cambia su forma humana por la de un
lobo.
Un
feroz carnicero, una fiera salvaje que vaga buscando víctimas.
Tan solo una bala de plata podría detenerlo.
Mercedes
Franco
LA LLORONA
Desde
México a la Patagonia, en todos nuestros pueblos latinoamericanos, se oye
hablar de La Llorona. En México muchos investigadores han vinculado esta
leyenda con la diosa Chihuacoatl, que envuelta en blancos ropajes vaga aún por
los pueblitos, llorando por sus hijos, los guerreros aztecas muertos.
En
otros países es simplemente un grito que recorre la oscuridad de las callejas,
a altas horas de la noche.
Dicen
que es una mujer que mató a sus hijos y ahora llora por ellos, enloquecida, sin
que su alma encuentre la paz, a través de los siglos.
En
Venezuela, la leyenda adquiere visos de certidumbre.
En
nuestros pueblos orientales, la Llorona era una bella joven que vivía en una
gran hacienda.
La
muchacha desapareció un día sin dejar rastros.
Su
padre y sus hermanos la buscaron durante años, sin hallarla.
Al
fin un día, recibieron noticias de una mujer blanca que vivía en un poblado
indio.
Hacía
allá se dirigieron, con un piquete de soldados.
Encontraron
a la joven muy feliz junto a su esposo, el cacique, y sus tres niños.
El
padre y los hermanos ordenaron asesinar a todo el pueblo, incluidos los tres
niños mestizos.
-Mis
hijos!
-Son
una abominación, son mitad animal, deben morir.
Aquella
mujer fue arrancada del lugar mientras gritaba y lloraba por sus hijos.
Así
siguió, llorando y preguntando por ellos, recluida en la hacienda paterna.
Paseaba
por los jardines llorando tristemente, y un día la encontraron muerta, muerta
de tristeza, de dolor.
Pero
aún después de muerta no dejó de llorar y aún clama y grita en las oscuras
callejas, a altas horas de la noche.
Mercedes Franco
LA SAYONA
En la Caracas del siglo XVIII, la Sayona se paseaba en la alta madrugada, asustando a los borrachitos trasnochados y a los serenateros, que recorrían las calles desiertas.
La veían envuelta en negro manto, arrastrando su larga saya o falda por los caminos cercanos a los cementerios. Sonreía seductora, mostrando sus largos colmillos. Tal sonrisa tenía la virtud de alejar de un solo golpe los vapores y el atontamiento del alcohol. Más de uno echaba a correr despavorido, sintiendo que se le pasaba la borrachera del susto.
Algunos aseguraban que este personaje era un ser diabólico, un espanto venido del más allá.
Otros en cambio, más agudos, opinaban que este era el disfraz que las damas de alcurnia utilizaban para poder salir de noche, a encontrarse con sus enamorados.
Y que mejor lugar para pasar desapercibidos que una cita en el solitario cementerio?
Mercedes Franco
LA CONDESA BRUJA
Con
este raro sobrenombre se conoció en Caracas a la bella condesa de Antúnez. Su
esposo en realidad nunca supo mucho de
ella, ni de dónde procedía, ni cuál era su verdadero nombre.
Un día la vio recogiendo flores cerca de la
Quebrada de Catuche y encandilado, según sus propias palabras, ante tanta
blancura y tanta belleza, la llevó a su mansión y se casó con ella.
La doncella decía haber perdido la memoria
y no recordar su nombre, así que el conde la llamó Bella. Y fue en verdad muy
feliz con aquella muchacha.
La nueva condesa se acostumbró muy pronto
al lujo, a las cenas de gala y a los teatros.
Eran los comienzos del siglo
dieciocho, y Caracas poseía muchos
bosques, y un río cristalino donde las
parejas iban a pasear y a bañarse en verano.
También había teatros, comercios y salones de baile. Los caraqueños
trabajaban duro, pero tenían tiempo para recrearse y disfrutar
Una vez
Bella fue a un baile y quedó fascinada. Música, luces, hermosas damas,
alegres danzantes...todo un ambiente cautivador, que ella disfrutó al máximo. Y
destacó por su belleza y el tono nacarado de su piel.
Emocionada, le propuso al conde dar una
fiesta en su mansión, pero el marido, un hombre ya maduro, se rehusaba
elegantemente, con diversas excusas y pretextos. La condesita estaba
contrariada. A menudo rechazaba con un gesto de enfado las hermosas joyas que
le traía su esposo. Ansiaba bailar y divertirse!
Por eso, a muchos no les resultaba difícil
creer lo que decían las malas lenguas en Caracas. Y la mía que no es muy buena, porque lo
repite.
Que
decían?
Que cada sábado, pasada la medianoche, la
joven condesa, acostada junto a su esposo, abría su boca y dejaba salir un
enorme cigarrón negro, el cual escapaba por la ventana y se perdía en la noche
caraqueña.
Que en realidad Bella era una bruja. Y que
eso que recogía cuando el conde la conoció no eran flores, sino hierbas
mágicas.
Que su alma volaba libremente por las
noches, y antes del amanecer regresaba, se metía por la ventana, y luego
entraba de nuevo por la boca abierta de su dueña.
Y que al día siguiente la condesa bruja
recordaba con deleite todo lo que había
visto y sentido durante la noche. Porque las criadas contaban que sonreía como
para sí misma
Tal vez sonreía recordando cómo había
bailado hasta el cansancio la noche anterior. Como cada noche revoloteaba por
ahí buscando algún lugar donde hubiese música.
Entonces, recobrando su aspecto humano, entraba en las fiestas usando un
antifaz, para que no la reconocieran.
Después de varias horas de intensa
diversión, salía hacia su casa, pero ya en los jardines, antes de irse, se
convertía de nuevo en cigarrón y entraba en los aposentos, dónde dicen que
gozaba picando a los durmientes. Luego aprovechaba y se iba a las caballerizas,
para asustar a los caballos, que se agitaban al ver ese enorme cigarrón
zumbando por ahí. Si no....por qué se alborotaría un caballo en la madrugada?
Parece ser que todo eso le funcionaba de
maravilla, hasta que en una de esas fiestas, la condesa enmascarada conoció a
Alonso de la Rosa.
Estaba acostumbrada al asedio de los
hombres, pero jamás había sucumbido ante sus encantos y galanteos, porque era experta
en detectar la falsedad.
Esta vez era diferente. Alonso era sincero.
Estaba loco de amor por aquella enmascarada. Intuía una pasión de otro mundo en
aquellos hermosos ojos, tan verdes como las montañas que rodeaban a Caracas.
Bella bailó con él y escuchó encantada sus juramentos de amor. Al rato fueron
al jardín, lleno de aromas de rosas y jazmines. Allí Bella se dejó convencer y
después de un largo beso ... se quitó el antifaz!
Lo que ninguno de los dos había notado,
era que otra pareja se acariciaba entre los arbustos del jardín, y al verla
gritaron al unísono:
-Es la condesa!
-Sí, la condesa Antúnez!
Alonso se quedó mudo, dominado por la
hipnótica mirada de aquellos ojos color de montaña.
Por eso no vio nada, cuando gritaban que
Bella estaba asumiendo la forma de un enorme cigarrón, para huir de allí a toda
prisa.
Cuentan que entró en su cuerpo dormido
antes del alba. Y como siempre, su esposo nada sospechó.
Pero al otro día la ciudad hervía a todo
vapor con el chisme:
-Sí, dicen que era ella.
-La condesa sin el conde! Qué horror!
-A quien se refieren?
-A la condesa Antúnez! Estaba en el
jardín de los Nadal, con el joven de la Rosa...
-Baja la voz, y no sigas con eso, que tú
no los viste.
-Y lo más horrible es que después se
convirtió en un cigarrón y escapó volando!
-Que locuras dices?
-No, no lo digo yo. Pero según eso, es
una bruja.
-Mariana! Cómo afirmas algo semejante?
-Según...
El domingo en misa todo el mundo la
miraba. Pero Bella lucia muy serena, más hermosa y radiante que nunca, prendida
del brazo de su flamante esposo.
-Que descarada!
-Quien?
-La cigarrona.
-Shhhh....
Alonso se desesperaba buscando aquella
mirada verde montaña. Pero Bella solo miraba al Santísimo Sacramento.
Nunca más vieron a aquella enmascarada
en las fiestas caraqueñas. Ni al conde Antúnez, hasta los criados se fueron y
la mansión quedó sola.
La versión oficial fue que los condes se
marcharon a España, porque sus negocios los reclamaban en Madrid.
En cambio, las malas lenguas contaban
que, en una de sus correrías nocturnas para encontrarse con su enamorado, a la
condesa bruja se le hizo tarde, y fue sorprendida por la luz del sol, por lo
cual se quedó convertida en cigarrón para siempre. Y aún recorre las noches
caraqueñas, buscando el dulce sonido de la música.
Mercedes
Franco




No hay comentarios:
Publicar un comentario