10 jun 2024

Editorial EL perro y la Rana

Editorial EL perro y la Rana. Reseña  de la escritora Mercedes Franco

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4 abr 2024

Entrevista que me hicieron en el espacio Agenda Éxitos 02.04.2024 con Albani Lozada y Unai Amenabar

 Los invito a escuchar la entrevista amena que me hicieron en el espacio Agenda Éxitos 02.04.2024 con Albani Lozada y Unai Amenabar

En la primera parte. Pasadas las noticias internacionales. Gracias
Disfrútenla


23 jun 2023

EL SIN SOMBRA EN MAYO

EL SIN SOMBRA EN MAYO
 

 


 

 La luna de mayo flota como un globo espectral, sobre los campos y llanuras de Venezuela.

"Las lunas llaneras perturban el juicio", diría Rómulo Gallegos en su novela Doña Bárbara. Perturban a los hombres y mujeres del llano, que se acuestan en sus chinchorros a dormir, después de la dura faena.

Y perturban también a los fantasmas.

A ellos parece que les cuesta conciliar el sueño, y vagan alborotados, bajo esa luz  de nácar que baña la noche perfumada.

Con la luna de mayo, a esos  seres elusivos del más allá les gusta salir a pasear sus penas por la sábana abierta.

Uno de los menos conocidos es el Sin Sombra, que parece un peón común, pero en realidad es un espectro maligno, que puede a voluntad agrandar su boca monstruosamente y devorar a las personas que encuentra a su paso por esas soledades. Se le puede reconocer por su impecable liquiliqui* blanco y sus lustrosas botas.

El Sin Sombra ama recorrer de noche los cultivos de maíz y de caña. El deambula por las siembras y conucos*, y a veces se come las frutas, pero también se acerca a las orillas de los caminos, dónde se detiene a esperar a los incautos que transitan en la alta noche por esos rumbos. Allí les hace algunas preguntas que deben responder. Por cada respuesta errónea, les arranca de un mordisco una mano, después la otra y deja la cabeza para el gran final. 

Cuentan que a fines del siglo diecinueve, Don Carlos Ibáñez iba desde Maturín hacia el pueblo de La Pica, aprovechando las horas de frescor para viajar en su caballo Canelo. Cerca de unas matas de guayabita sabanera* vio al Sin Sombra, que comía guayaba tranquilamente.

 -Buenas noches, paisano.-dijo el fantasma quitándose respetuosamente el sombrero pelo e guama*.

  Canelo dio un relincho y un resoplido.

  Un escalofrío de terror recorrió la espalda de don Carlos, pero reunió valor y respondió: 

  -Buenas y santas nos las dé Dios, amigo.

   -Mmm..será la Tierra, que da las noches, cuando da la vuelta y nos tapa el sol.  Entonces nos cae la noche. ¿Verdad?

   -Pues tiene razón, lo de Dios en un decir. ¿No? Dispense, que no me pueda detener a conversar, amigo mío, voy a hacer una diligencia y tengo que llegar temprano.

   -No se preocupe, siga andando en ese caballo tan bonito, que yo voy a acompañarlo a pie y así hablamos.

    Don Carlos no tuvo más remedio que refrenar al caballo, que nervioso, quería partir al galope. Avanzaba bajo la luna inmensa de mayo, a lomos de Canelo, mientras el Sin Sombra daba grandes zancadas y caminaba al mismo paso del potro.

  -Dígame una cosa, don Carlitos, usted cómo buen coleador* debe saber de eso. Cuando uno está coleando, ¿Cuál es el animal que no se puede agarrar por la cola?

  -La vaca. No se puede agarrar por la cola porque no están allí. No se colea vacas sino toros.

  La risa del Sin Sombra resonó como puñales que chocan, en la espesa penumbra..

   -Ahora si me supo embromar, paisano. Usted si es resabiado.  Me lleva ventaja.

   Don Carlos decidió tomarle la palabra. Tal vez podría tenderle una trampa.

  -Ya que le llevo ventaja déjeme aprovecharla. No le haré una pregunta sino una adivinanza. Se la haré en un gesto, y usted tiene que decirme la respuesta con otro gesto.

   -Vamos a ver, dijo un ciego, y no vio nada. -respondió sonriente el maléfico ser.

  Don Carlos levantó un dedo al cielo, señalando hacia arriba. Se refería a que existe un solo Dios, creador del Universo.

   -Esa es fácil de adivinar, pero no voy a decir esa palabra, que usted quiere que yo diga. - sonrió con malicia.- Vamos a hacer una cosa don Carlos: yo también le voy a responder con un gesto y si usted adivina, lo dejo que siga su camino.

   Dicho esto, el Sin Sombra levantó dos dedos, el índice y el medio frente a Don Carlos. Indicaba con eso que eran dos los dueños de la Creación: Dios y su eterno enemigo.

     Don Carlos Ibáñez se vio en un dilema. Si no le daba el gusto de responder, el Sin Sombra lo devoraría. Recordó que pronto llegarían a un cruce de caminos, que ningún fantasma soporta. Eso lo sabía por su abuelo el Guaco Ibáñez, que era el mejor contador de cuentos de aparecidos, y para todos ellos tenía la "contra"..

 

   . La Cruz de Paola bendita... La luz del día .. Detenerse en el cruce de caminos... el escapulario de la Virgen...Nombrar el Espíritu Santo...a ver... el hombre forzaba la memoria... el Sin Sombra sonreía.

  -Como que no sabe la respuesta, don Carlitos... ¡Jajajaja!!!Esta noche voy a cenar carne fina.

   -Si la sé, pero le quiero responder con estos tres dedos: ¡Padre, Hijo y Espíritu Santo! ¡Santísima Trinidad, líbrame del espanto!

     Con un rugido el Sin Sombra desapareció corriendo veloz hacia una mata de sabana.

     Canelo pasó galopando el cruce de caminos y al trote entró en el pueblo de La Pica, cuando la luz dorada del día disipaba todas las sombras.

 

Glosario:

Conuco: Siembra pequeña.

Guayabita sabanera: Variedad pequeña de guayaba.

Liquiliqui: Vestimenta de gala del llanero venezolano. Consiste en un pantalón y un saco de mangas largas, abotonado al frente.

Pelo e guama: Sombrero de lujo.

Colear: Deporte venezolano que consiste en perseguir toros a caballo y tumbarlos, tomándolos de la cola.

Mercedes Franco

EL HACHADOR

 EL HACHADOR.


    Chas, chas.. resuena el golpe del hacha en la espesura .. chas, chas ..fuerte y claro... no tienes nada que temer, el "Hachador" está lejos, puedes aprovechar para escapar, debes salir de la montaña lo más rápido que puedas...

 

    Pero si oyes el chasquido del hacha a lo lejos, débilmente...estás en peligro. Se acerca el espectro más terrorífico de los que pueblan las montañas de Falcón.

 

    Nadie podría imaginar que este espectro infernal no es más que el alma en pena de Andresito Castillo, un pobre leñador de la zona.

 

    A finales del siglo diecinueve, Andresito tenía una pequeña finca, por los lados de Caburé. Le decían Andresito por cariño, dada su pequeña estatura. Muy alegre y buena copa, tenía muchos amigos por los alrededores.

 

    Andresito era joven y a pesar de su poca estatura, se había hecho fuerte, curtido por el duro oficio de labrar la tierra.

 

    No solo vivía de las legumbres y hortalizas que cosechaba en su finquita, también vendía la madera de los árboles que cortaba con su hacha, en lo alto de la Sierra de Curimagua.

 

  Una vez a la semana subía con su caballo y sus cuerdas. Con su hacha poderosa cortaba uno, dos, tres, hasta seis árboles en un día. Al atardecer los amarraba y se los traía a remolque, confiado en la fuerza de su caballo Canelo.

 

  Su mujer, Gabriela, celebraba con grandes saltos de alegría su llegada. Aquellos troncos pronto se convertirían en útiles trozos de madera, que significaban un buen dinero para la familia.

 

     Sin embargo, la pareja despertaba algunas críticas en las beatas del pueblo. Vivían juntos sin la bendición del cura, lo cual les importaba bien poco, porque a decir verdad no creían en Dios ni en el diablo. Tampoco asistían a misa, y todo eso era muy mal visto en un pueblo de fines de siglo.

 

    Por eso cuando se encontraban con el cura en la plaza o en el mercado, recibían la consabida reprimenda.

 

    -Es que siempre estoy trabajando, Padre. - se disculpaba el muchacho.

 

    Se acercaba la Semana Santa y el Padre Hugo les pidió a Andresito y a Gabriela que asistieran a la iglesia a orar, aunque fuera el Domingo de Ramos.

 

     Así lo hicieron, y Gabriela se trajo su palma bendita, con la que elaboró varias cruces, para poner detrás de la puerta de entrada y en la habitación.

 

    -Quita eso, es cosa de viejas! No, chica, te pareces a mi abuela!

 

    -Pero Andresito, es por protección.

 

    -Y es que no te sientes protegida por mí? Yo seré chiquito, pero soy guapo y apoyado.

 

    -Ya sé....pero una protección extra no viene mal.

 

     Llegó el viernes santo. Día de la muerte de Cristo.

 

El pueblo estaba callado y solo  suaves oraciones llenaban el aire, mientras la imagen del Nazareno recorría las calles en procesión.

 

     En la finquita, Andrés con su amigo Atilio, entre tragos de cocuy*, disfrutaban de un cuajado de morrocoy*, hecho por la sin par Gabriela.

 

     -Este bicho no tenía casi carne, mujer. -se quejaba Andresito.

 

     -Verdad compadre, hubiera sido mejor hacerlo de cochino.

 

     -Que brutos son ustedes! En viernes Santo no se come carne! Mucho menos de cochino!

 

     -No sé, pero de cochino de monte*, tal vez sí. Compadre, allá arriba hay báquiros. Mañana sábado, vamos a ir a ver si traemos uno.

 

      -Mañana no, ahorita mismo.

 

      -Pero que dices? En Semana Santa no se caza, marido mío!

 

      Andrés tomó su escopeta y su sombrero y montó en su caballo.

 

     -Compadre! Que hace? Espere a mañana, mire que lo va a agarrar la noche por ahí!

 

    -Andresito, por favor!

 

      Gabriela corrió tras el, pero ya el caballo tomaba el camino de la sierra, espoleado por su jinete.

 

      Atilio se quedó durmiendo la borrachera en el sofá, mientras Gabriela pasaba las cuentas de su rosario.

 

     En lo intrincado de la serranía, Andresito vio pasar un enorme báquiro negro. Le disparó y el animal siguió corriendo, como si nada. El joven volvió a disparar, una y otra vez mientras perseguía al veloz báquiro. Y siguió persiguiéndolo.

 

     Abajo, en el pueblo, llegó la tarde y la noche y después la mañana.

 

      Y Andresito no volvió.

 

       Una partida de hombres buscó por toda la montaña.

 

       -Debe haberlo picado una culebra.

 

       -Quien sabe! Pero si mi compadre cayó en un aitón*, va a ser difícil encontrarlo.-dijo Atilio.

 

      A los tres días en la madrugada Gabriela sintió los golpes del hacha.

 

      -Es Andresito! -grito alegre

 

      Una lechuza blanca pasó en un vuelo flotante, frente a sus ojos.

 

      Con los pelos de punta, Gabriela rezó el Credo y se aferró a su cruz de palma bendita.

 

       Al otro día llamó a Atilio.

 

     -Compadre! Yo me voy a Cumarebo con mi mamá. Le pido que cuide la finca, hasta que Andresito vuelva.

 

      Andresito nunca volvió. Y a los pocos meses comenzó la gente a hablar del Hachador, el fantasma furioso de un leñador, que no puede escapar del monte.

 

 

 

    

 

      GLOSARIO

 

Cocuy: Licor que se obtiene de la hoja del agave.

 

Cuajado de morrocoy: Pastel preparado con carne de tortuga de tierra.

 

Aitón: Agujeros naturales de la Sierra de Falcón

 

Mercedes Franco

LA AUTORA Y SUS OBRAS

 LA AUTORA Y SUS OBRAS



Mercedes Franco es narradora, guionista radial, novelista y autora de literatura infantil y juvenil. Su novela La Capa Roja obtuvo en 1998 la mención de honor del Premio Municipal.

Nativa de Maturín, estado Monagas.

Es Licenciada en Letras. Tiene distintas publicaciones y obras premiadas tanto en Venezuela como en el exterior.

En Caracas ejerció la docencia en distintas universidades, y fue nominada en 2008 al premio internacional Astrid Lindgren. Escribió durante 30 años el programa radial Cosas de Venezuela.

Entre sus obras: Crónica Caribana

Vuelven los fantasmas

Monstruos que nadan

Criaturas fantásticas

 

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Homenaje de los docentes tovareños a escritores venezolanos. Mercedes Franco

  FILVEN Mérida. Homenaje de los docentes tovareños a escritores  venezolanos. Mercedes Franco