LA LLORONA
Desde México a la Patagonia, en todos nuestros pueblos latinoamericanos, se oye hablar de La Llorona. En México muchos investigadores han vinculado esta leyenda con la diosa Chihuacoatl, que envuelta en blancos ropajes vaga aún por los pueblitos, llorando por sus hijos, los guerreros aztecas muertos.
En otros países es simplemente un grito que recorre la oscuridad de las callejas, a altas horas de la noche.
Dicen que es una mujer que mató a sus hijos y ahora llora por ellos, enloquecida, sin que su alma encuentre la paz, a través de los siglos.
En Venezuela, la leyenda adquiere visos de certidumbre.
En nuestros pueblos orientales, la Llorona era una bella joven que vivía en una gran hacienda.
La muchacha desapareció un día sin dejar rastros.
Su padre y sus hermanos la buscaron durante años, sin hallarla.
Al fin un día, recibieron noticias de una mujer blanca que vivía en un poblado indio.
Hacía allá se dirigieron, con un piquete de soldados.
Encontraron a la joven muy feliz junto a su esposo, el cacique, y sus tres niños.
El padre y los hermanos ordenaron asesinar a todo el pueblo, incluidos los tres niños mestizos.
-Mis hijos!
-Son una abominación, son mitad animal, deben morir.
Aquella mujer fue arrancada del lugar mientras gritaba y lloraba por sus hijos.
Así siguió, llorando y preguntando por ellos, recluida en la hacienda paterna.
Paseaba por los jardines llorando tristemente, y un día la encontraron muerta, muerta de tristeza, de dolor.
Pero aún después de muerta no dejó de llorar y aún clama y grita en las oscuras callejas, a altas horas de la noche.
Mercedes Franco

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