EDITORIAL
Mujeres que sollozan, apasionadas sombras, lugares mágicos, espíritus errantes y elusivos. Presencias espectrales, pasos tan leves como el rezo de la lluvia en los caminos. Rostros que asoman por las ventanas, rugidos de animales inalcanzables. Todas estas imágenes, comunes a nuestro gran continente latinoamericano forman la oralidad fantástica de nuestros pueblos. Sentimos los mismos miedos, tenemos los mismos presentimientos, vislumbramos los mismos seres terroríficos. Españoles, africanos, indígenas. Estos seres invisibles, de rara sonrisa impalpable, aparecen en los sueños y visiones de todos nosotros desde Centroamérica hasta el último confín austral, sin olvidar las Antillas. Y todas estas apariciones o fantasías de otro mundo están en la base de nuestra personalidad, son una especie de inmenso eje de leyendas y mitos que nos unen y nos caracterizan como pueblo y como cultura.
Al
presentar estos personajes de nuestra tradición fantasmagórica, hemos
querido divertir y recrear, pero también preservar nuestra oralidad en
el tiempo, y por otra parte, estrechar vínculos entre nuestras
fronteras, entre todos estos países que conforman una sola patria
grande, hermosa, llena de fantasía, de imaginación creadora y de
misterio.
